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Sombras corporales

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Técnica del teatro de sombras en la que el cuerpo del titiritero interactúa con la luz (se distingue de la sombramanía, en la que solo interviene la mano). Lo único necesario en estas actuaciones es estar de perfil entre la fuente de luz y la pantalla. Los actores pueden equiparse con diversos accesorios con el fin de modificar el aspecto de su sombra. Pueden jugar con su tamaño, ya que cuanto más se acercan a la luz, más grande es su sombra. Para conseguir una sombra nítida, es indispensable utilizar una fuente luminosa puntual. Varios proyectores hacen que las sombras se multipliquen y, si se añaden gelatinas de colores, se pueden obtener efectos mágicos. Algunos coreógrafos han comprendido el interés estético y escenográfico de este desdoble, que consiguen a través de la proyección de la imagen de un bailarín en una pantalla situada al fondo del escenario con la ayuda de una o más fuentes de luz.

Las sombras corporales eran conocidas en España en la primera mitad del siglo xviii pero uno de los escasos testimonios escritos conservados es L’Heureuse Pêche (El melocotón feliz), editado en París en 1767. En esta obra, un personaje conseguía del mago Elamaliga el poder de echarse a volar, una pantomima que se prestaba perfectamente a los sortilegios del teatro de sombras. En su Correspondance littéraire (Correspondencia literaria) (tomo VII, 15 de agosto de 1770), el barón de Grimm mencionaba este espectáculo y destacaba: «Aparte de la ópera francesa, no conozco ningún espectáculo más interesante para niños; se presta al encantamiento, a lo maravilloso y a las catástrofes más terribles. Si, por ejemplo, usted quiere que el diablo se lleve a alguien, lo único que tiene que hacer el actor que interpreta al diablo es saltar por encima con la vela situada detrás y, sobre el telón de fondo, parecerá que se echa a volar con él por los aires». En el siglo siguiente, el teatro del Châtelet de París programaba comedias bufas que ponían en escena sombras corporales como, por ejemplo, L’Homme à la fourchette (El hombre del tenedor) en 1874. El teatro de l’Ombrelle, fundado en 1976 por Colette Blanchet, Florence de Andia y Sylvie-Valérie Masson, se hizo famoso en esta técnica. Los mimodramas de sombras se representan casi siempre de perfil. Para terminar, hay que mencionar la modernidad del trabajo de Nicole Mossoux, de la compañía Mossoux-Bonte. La artista se sienta de frente y su sombra se traslada a una pantalla detrás de ella a través de un proyector colocado muy cerca, justo a sus pies. Así nacen y se les da vida a formas fantasmagóricas. En Twin Houses (Casas gemelas) o Light (Luz) juega al mismo tiempo con su cara violentamente iluminada en contrapicado, con el material de su vestuario y con su sombra desmesurada.

Bibliografía