Las artes de los títeres no eran desconocidas a las poblaciones autóctonas chilenas antes de la llegada de los conquistadores españoles. El pueblo “Mapuche” utilizaba las máscaras llamadas collón en sus danzas y en Isla de Pascua existían “los títeres moai”.Cuentan los escritos sobre  “La Casa de los Títeres en la Isla de Pascua”, que el rey Tu’ u ko iho, tras encontrarse con tres fantasmas, tomó un pedazo de toromiro (árbol) y con una herramienta  empezó a tallar sus  figuras demacradas de costillas salientes; luego con tizones terminó los detalles de los ojos y otras partes del cuerpo, naciendo así los moai kava kava. Luego talló a las tres hermosas figuras de  unas niñas que lo habían visitado y las llamó moai pa’apa’a. Por último trenzó cordeles de mahute (fibra) suspendiendo de ellos los moai de tal forma, que cuando tiraba de los cordeles, las figuras caminaban.

El nacimiento del Teatro de marionetas

El teatro de títeres en Chile, tuvo sus orígenes en las plazas de los pueblos, enmarcados en los espectáculos populares y dentro de lo que Oreste Plath, famoso investigador y escritor del Folklore chileno, llamó “teatro de la mendicidad”. Se tienen referencias sobre  titiriteros, generalmente extranjeros, que en los siglos XVII y XVIII recorrían el país con sus retablos, sin contar con la simpatía ni el apoyo de las autoridades, razón por lo cual no tenían acceso a los teatros. Hay noticias en Talca (1780), y en Copiapó (1796). El primer teatro que se construyó en Chile, fue en el año 1802, en un lugar llamado el Basural de Santo Domingo, por Joaquín Oláez Gacitúa, español, acróbata y  volantinero, llegado desde Buenos Aires. Entre las actividades que le dieron renombre, destaca una función que dio en el Palacio de la Moneda a favor de los niños abandonados. Durante la época colonial, en las tertulias, las sombras chinescas, proyectadas sobre un lienzo o pared hacían las delicias de chicos y grandes sin más ayuda que las manos de algún hábil prestidigitador y una vela de esperma.

A comienzos del siglo XIX, con la llegada de algunos artistas que eran a la vez acróbatas, volatineros, equilibristas… y titiriteros, se inició una tradición que ha tenido altibajos en los dos siglos siguientes. Durante largo tiempo, fueron artistas de origen europeo (españoles o italianos) y, luego, argentinos, los que profesionalizaron los espectáculos de muñecos. En el período de la  Reconquista (1814-1817) se  criticó a los españoles con sátiras y farsas.    Mateo Jeria, titiritero peruano, fue el gran impulsor de los títeres dando funciones en Santiago y Valparaíso. Asimismo, el titiritero chileno José Santos se presentaba en Concepción y en Santiago durante las riñas de gallos, con sus personajes Cristóbal (oriundo de España) y Pulcinella (oriundo de Italia).

El historiador chileno Vicente Pérez Rosales hace referencia en Recuerdos del Pasado a las actividades titiritescas en los conventos, en 1817: Lo que es teatro poco o nada se estilaba; porque todavía los títeres, verdaderos precursores del teatro, cuasi ocupaban por entero su lugar”. En el año 1867 en Valparaíso, se abrió la sala «El Jardín de Recreo», construida por don Pedro Alessandri, un marionetista italiano que llegó a Chile de gira y se quedó para siempre. Un nieto y un bisnieto de este titiritero llegaron a ser Presidentes de la República. En 1879, destacaba el titiritero Maestro Tapia, con sus títeres de palo: Don Cristóbal y Mamá Laucha;  acompañando, además, a las tropas chilenas durante la Guerra del Pacífico, presentándoles para su diversión  personajes como: Mamá Clara, Don Canuto de la Porra y el Negro.

Durante las Fiestas Patrias, según cuenta el historiador Francisco Encina, era tradicional que se juntaran por lo menos mil personas en las “fondas y ramadas” a ver espectáculos de títeres (las ramadas son espacios al aire libre con techo de paja y ramas de pino como paredes, que se ponen en la Fiestas Patrias una al lado de otra. Los titiriteros para poder presentarse debían pagar patente, derechos, para actuar). Eran famosos los presentados por el Maestro Espejo, acompañados por zamacuecas y melodías de guitarra y arpa de la Cía. del Maestro Fernández. Los títeres con sus dichos graciosos y palabras agudas representaban el espíritu del pueblo, siendo los más aclamados Don Cristóbal  y Mamá Laucha. Don Cristóbal, oriundo de España, dejó de ser el típico cornudo adquiriendo la idiosincrasia chilena, y transformándose en el héroe invencible. Mamá Laucha, era una mujer hombruna y peleadora, la típica comadre que se mete en las vidas de los vecinos. El titiritero Tile Vallejos, considerado el más importante titiritero del siglo XIX, era, según el escritor Sady Zañartu, “el titiritero que busca el lugar propicio de la mina o la placilla cercana para que lo vean trabajar sobre un encatrado cualquiera, donde puede decir cosas inconvenientes”. También en Valparaíso, Don Cristóbal, Mamá Clara y Josesito debajo del mate, fueron muy apreciados en las “chinganas”, lugares parecidos a las ramadas.

El siglo XX.

Fue sólo en el siglo XX cuando los grupos locales, algunos de los cuales tuvieron una larga carrera, adoptaron  y desarrollaron nuevas técnicas (hilo, varillas, sombras, teatro negro) o mezclaron el teatro de títeres y actores. Italo Maldini, perteneciente a la Compañía Piccolo dei Torino (especializada en títeres de hilo) y a la familia Dell Acqua, para quienes las marionetas eran una tradición familiar, hizo con sus muñecos importantes creaciones históricas como La Toma de Pisagua, La Batalla de Maipú, El Combate Naval de Iquique, entre otras, con las cuales recorrió Chile, participando además en la Segunda Exposición de Marionetas de Buenos Aires (1957). Luego ingresó en el Teatro Experimental de la Universidad de Chile donde hasta su muerte.

En la década de 1940, el Instituto del Teatro de la Universidad de Chile dio varios cursos de títeres, bajo la supervisión de Javier Villafañe,  en 1944, y Heriberto Gómez, en 1946, quien, al año siguiente, introdujo el teatro títeres en el temario de las escuelas normales en el país. La primera compañía con una tradición real, fue la de Meche Córdova, que difundió el Teatro de títeres por todo Chile con sus personajes Doña Clota y Cachenchín. Por su destacada labor, la Municipalidad de Santiago, le concedió una medalla de oro. Cabe destacar además a Lila Bianchi, quien, en Concepción, tuvo su Compañía “La Madejita”; Lila perteneció a una importante familia de artistas y músicos.

        En 1950 nace la compañía de José Hogada y sus Títeres Mágicos. José, descendiente de japoneses, fue el primer titiritero en incorporar mecanismos de ojos y boca en sus muñecos de guante. Durante 30 años recorrió todo Chile y tuvo una destacada participación en el Festival Internacional de 1966, auspiciado por el Ministerio de Educación. En1958 la compañía Bululú, dirigida por Clara Fernández, inició sus giras a través de Chile y México. Entre sus más importantes montajes estaban: Casamiento a la fuerza, de Moliére, El Retablillo de don Cristóbal, de García Lorca y El Retablo de Maese Pedro, de  Manuel de Falla. Esta compañía fue la creadora del Enanito Bululu, títere pionero en la televisión chilena.

        Otra  compañía destacada fue Los de Ferrari (1959), dos profesores que dejaron su profesión para dedicarse a los títeres, con montajes en general de índole folklórico; también  actuaron para la televisión chilena, ganando el Premio del Consejo Nacional de Televisión.  De la misma época era Héctor del Campo, discípulo del famoso titiritero soviético Fedotov. Fue uno de los fundadores del Teatro Experimental de la Universidad de Chile y creó el Grupo Titirín, dedicándose especialmente en la sátira política. Asimismo surgió Charito Godoy, que por su trayectoria en actos públicos y su importante labor como asesora de títeres en el Consejo de Promoción Popular, recibiría la medalla “Laurel de Oro”.

Desde la década de 1960 hasta el presente

En 1961 nacía en Concepción la compañía Pirimpilo bajo la dirección de Lientur Rojas Serrano, gran titiritero y especialista en educación. En esa misma década, Adolfo e Ilse Scwarzenberg, motivados por los títeres Honsteiner de Alemania, comenzaron a crear muñecos y obras folklóricas, con sus personajes Bartolo Lara, Juanito y Anacleto Machuca.      En 1966, con el auspicio de la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile, el Ministerio de Educación y la Universidad Técnica del Estado, se realizó el Primer Festival  Internacional de Títeres, en el Teatro Bulnes, de Santiago, organizado por Hugo y Enrique Cerda, investigadores y autores del libro Teatro de Títeres y otras publicaciones,  donde se presentaron las más importantes compañías del país. Asimismo hubo una importante  exposición donde destacaron los títeres de calabaza del titiritero Aldo Herrera de Los Andes. Cabe destacar la compañía Helma Vogt, de larga tradición familiar, que se especializó en óperas de marionetas: La serva padrona, El rapto del serrallo, de Mozart, o La mujer astuta, de Karl Orff.

En 1983, nace la compañía de Teatro de Muñecos Guiñol, de Ana María Allendes, destacándose por su constante búsqueda e incorporando nuevas técnicas.    Ese mismo año, se realizó el Segundo Festival Internacional, en Viña del Mar, organizado por los esposos Schwarzemberg, con la participación de las compañías Guiñol, Bululú, Girasol, Los de Ferrari, Adelaida Negrete y  Helma Vogt, entre otras. En ese momento nació la Unión de Marionetistas de Chile, Unima-Chile, nombrando a Adolfo Schwarzenberg,  Presidente; Ana María Allendes, Secretaria; y Eugenio Beltrán, Tesorero.

En 1990, se inició el curso “Comunicación, Educación y Teatro de Muñecos” en la Universidad Diego Portales, coordinado por Ana María Allendes. El generoso apoyo del Rector, Manuel Montt y de la Decana de la Facultad de Comunicación, Lucía Castellón, logró que el movimiento titiritero se expandiera por todo Chile. Debido a que  los docentes, principales destinatarios, les era muy difícil trasladarse a Santiago, Ana María Allendes a partir de 1991, recorrió Chile dictando cursos de títeres y charlas sobre “El muñeco como recurso en la Educación”.

En 1994 nació la “Fundación para la Dignificación del Teatro de Muñecos” (FAMADIT), que cuenta con una Biblioteca- Videoteca única en Chile, así como un museo itinerante.

En 1994, el profesor Enrique Cerda, realiza, a través de la Universidad Católica de Temuco, el Primer Encuentro del Títere Educativo, y en 1995 un Encuentro de Directores de Teatro de Muñecos. Asimismo en 1996, Lientur Rojas de la compañía Pirimpilo organiza un Encuentro con los Títeres en la Universidad de Concepción. Ese mismo año, la Universidad Metropolitana de Ciencias para la Educación, abre un espacio para la exposición de Muñecos del Museo de FAMADIT, con charlas y presentaciones. La exposición ha continuado su recorrido por diversas universidades del país.

El Teatromuseo del Títere y del Payaso, abrió sus puertas en Valparaíso el año 2007 con el apoyo desinteresado de instituciones, compañías y particulares.  Es el único espacio en Chile dedicado a la difusión, desarrollo e investigación del Teatro de Animación (títeres, objetos, máscaras) y Teatro Clown (payaso, mimo). Cuenta con exposiciones permanentes, una escuela de intercambio y una sala de teatro profesional que semana a semana ofrece espectáculos  para niños,  jóvenes y adultos.

(Ver también La Rueda, La Troppa, Equilibrio Precario, Periplos, Payasíteres.)

Bibliografía

  • Allendes, Ana María. Boletín Latinoamericano de la Unión Internacional de la Marioneta. 1988-1992.
  • Allendes, Ana María. “La alegría de ser titiritero”. Revista Colibrí. No. 6 de la Revista Educación del Ministerio de Educación, 1990;  Revista Apuntes. Escuela de Teatro de la Universidad Católica, 1995.  
  • Allendes, Ana María. “Los títeres precolombinos en Chile”. Revista “Títeres”. Argentina. 1998.        
  • Cerda, Hugo G., and Enrique Cerda G. El Teatro de Títeres en la Educación. Santiago de Chile: Editorial Andres Bello, 1989.
  • Cerda, Hugo. “Panorama Histórico del Títere en Chile”. Apuntes de la Escuela de teatro de la Universidad de Chile.
  • Englert, Sebastián. La tierra de Hotu Matu’a. Historia y etnología de la isla de Pascua. Santiago de Chile: Editorial universitaria, 1983.
  • Muñoz, Iván e Isabel Hernández. Historia de títeres y titiriteros. Santiago de Chile: Centro cultural Luciernaga Mágica, 2004.
  • Pereira, Eugenio. Historia del Teatro en Chile. Desde sus orígenes hasta la muerte de Juan Casacuberta, 1849. Santiago de Chile: Ediciones de la Universidad de Chile, 1974.
  • Pereira, Eugenio. Juegos y alegrías coloniales en Chile. Santiago de Chile: Editorial Zigzag, 1947.
  • Pérez Rosales, Vicente. Recuerdos del Pasado. Santiago de Chile: Editorial Andrés Bello, 1980.