Es inusual encontrar información sobre los títeres de este país, pero disponemos de algunas pistas, que comienzan con el mito del fundador del pueblo Makondé. En una versión del norte de Mozambique, la primera mujer es una figura de madera esculpida que se anima y deslumbra. Su creador, un hombre, puede ser considerado el primer escultor titiritero. La estatua animada tiene una magia poderosa que palía la soledad, la carencia, la esterilidad y garantiza el comienzo del linaje de los Makondé.

Los títeres tradicionales

Se pueden citar varias categorías de títeres tradicionales. Según el poeta Virgilio de Lemos (unido al movimiento anticolonialista del país), los makondé practican el teatro de títeres desde hace mucho tiempo. Sus títeres son de madera y se desarrollan con mucha facilidad. Ha visto este teatro en la década de 1970 y los espectáculos, nocturnos, transmitían una crítica social severa pero condescendiente.

Los makondé también elaboran destacadas estatuillas iniciáticas muy expresivas, títeres verdaderamente didácticos, que sirven para ilustrar las enseñanzas tradicionales (como la iniciación sexual). Esta formación se les da a los chicos y a las chicas por separado, y la iniciación sexual parece particularmente importante para el matrimonio y la fecundidad. Por ejemplo, durante los ritos femeninos de iniciación (ciputu), las jóvenes eran desfloradas con la ayuda de un objeto (con una espiga de maíz por ejemplo), a los hombres (Makondé y Mukua) no les gustaba casarse con jóvenes vírgenes. El aprendizaje de la sexualidad se hace a menudo con la ayuda de figurillas que imitan el acto sexual. Entre ellas se encuentran los Vanyano, títeres por pareja (típicos en varios países de África, véase Ritos), puestos en marcha con la ayuda de los dedos de los pies del titiritero y hechos de varas atravesadas por un hilo. El titiritero, sentado, canta una melopea golpeando sobre sus piernas separadas y los espectadores le responden. El repertorio se compone siempre, repetitivamente, por una “danza de amor que termina con el acto sexual”.

En el caso de los tsonga de Mozambique, los muñecos de fecundidad, que algunos investigadores comparan con los muñecos teatrales, se transmiten en las familias de mujer a mujer. Pertenecen al “conocimiento profundo” y poseen “sus leyes”. En la pubertad, la chica recibe una figura, mwana (niño), con sus instrucciones (símbolos de senos, nalgas, etc.), que llevará sobre la cabeza. No puede hablar con nadie y él podrá hacerle un regalo para que ella responda a preguntas o para que enseñe el muñeco.

Otro manifiesto interesante del mundo del títere es el “bailarín títere”. Por ejemplo, durante los bailes de fecundidad makondé, el bailarín, disfrazado de mujer, lleva una máscara facial, tallada en madera, y viste un peto con pechos y ombligo, adornado con sacrificios tradicionales, y se desarrolla de acuerdo a un código exacto. Este disfraz pertenece a la categoría mapiko, término que designa a la vez a algunas máscaras (de rostro naturalista), su coreografía y la casa donde se conservan. En las casas mapiko también se encuentran pequeños títeres de madera y tela, guardados en una cesta.

En 1966, el etnólogo Viegas Guerreiro señaló otra práctica “teatral”, cercana al títere. Para informar sobre un seductor, se pone un maniquí de paja de tamaño natural, con ramas y hojas, y se coloca en la calle. Esta “efigie de la vergüenza” ridiculiza al culpable ante toda la comunidad.

Los títeres “modernos”

En la década de 1960, en las calles de la capital, Maputo, los músicos ambulantes representaban habitualmente espectáculos con títeres de hilos, cantando alegres cantinelas que estaban de moda. Los títeres articulados, pequeños, recortados en madera clara, con rostro y vestimenta pintada o dibujada, se colgaban por cuerdas o cables a un extremo del instrumento musical. El instrumento era a menudo rudimentario, era de percusión o con forma de guitarra (bidón vacío, cable, tablilla) y los títeres bailaban sobre el suelo.

Tras la independencia, en 1975, el arte del títere participó en actos cívicos y militó en favor de la política oficial del presidente Samora Machel (1975-1986). Al mismo tiempo, en el marco de un proyecto terapéutico del hospital central de Maputo, los títeres sirvieron para denunciar los abusos de ese mismo poder, en la medida en que estaban unidos a los problemas de algunos pacientes psicóticos.

En 1997, el titiritero callejero Orlando Chale fue enviado a la Bienal de Evora, Portugal, donde fue descubierto su teatro, la Casa de la película, basado en el principio de la linterna mágica. Sus títeres, articulados, son de papel ligero y se animan a dos niveles, en un edículo alumbrado por una vela. Su repertorio es cómico, tienes rasgos cotidianos del estilo occidental pero continúa ligado a la tradición cuando escenifica “escenas sexuales”.

El teatro callejero sigue siendo muy popular, un fenómeno espontáneo, arraigado en la actualidad, y algunos titiriteros son, a veces,  verdaderas estrellas.

Bibliografía