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Republica del Congo

La República del Congo, antigua colonia francesa que logró la independencia en 1960, es la cuna de numerosos títeres, y algunos de ellos son únicos en el mundo. A pesar de dicha riqueza, poco se ha investigado sobre ellos, quizás a causa de su diversidad y de sus  funciones sociales que recogen temas a veces tan importantes (culto, adivinación, medicina, funerales) que relegan su carácter teatral a un segundo plano. Títeres y máscaras se pueden dividir en representaciones tradicionales y en entretenimientos más modernos.

Representaciones tradicionales

Escultura animada

Articulados o no, los títeres animados ya fueron mencionados en el siglo XVII. Su función era la de combatir a brujos y hechiceros y los acompañaban discursos a voz en grito y el ruido provocado por el entrechocar de la madera con la que estaban tallados.

Dos siglos más tarde, se mencionan efigies que tenían un brazo que se balanceaba: a la hora de recibir las donaciones tendían dicho brazo.

En el caso de los Kuyu, las magníficas estatuas de madera y cabeza inmóvil son excepcionales; en otro tiempo se utilizaban durante de la iniciación. Estas obras maestras esculpidas pertenecen hoy en día a prestigiosas colecciones de arte africano (como la antigua colección del museo nacional de la artes de África y Oceanía de París) y a menudo son expuestas sin mencionar su función como títeres.

En el caso de los Bembe, existen instrumentos musicales de madera esculpida que tienen un gran parecido con títeres. Es el caso de las trompas antropomorfas (nsiba) que representan a una familia corriente: padre, madre, hijo e hija. Los llevan músicos cuyas piernas son lo único visible, y se utilizan en ritos funerarios. El padre va primero seguido por su mujer y sus dos hijos. Acompañado por las demás trompas que no son antropomorfas, por instrumentos de percusión y por cantores, el cuarteto se desplaza lentamente, a ritmo discontinuo y siempre en círculos.

Algunos nganga (sanadores), durante sus consultas medicinales siempre teatralizadas, utilizaban, con fines terapéuticos, una especie de títere con una joroba redonda  que representaba a un bailarín de cara vagamente simiesca. En los años 1950-1960, entre los objetos que se ofrecían a los turistas podían encontrarse copias de este objeto.

El kiébé-kiébé

El kiébé-kiébé, la mayor manifestación del teatro de títeres congoleño, continúa en la mente de muchos vinculado a la religión, la devoción hacia los ancestros o el culto de imágenes (también se escribe de las siguientes formas: kyebé-kyebé, kebe-kebe y kiephe-kiephe). Es, ante todo, un baile, una música, una competición y sobre todo un espectáculo de títeres. Este complejo arte lo practican los Kuyu (o Koyo), los Mbochi (o Mbosi) y los Makua (o Makoua).

Según el administrador de las colonias Alfred Poupon (comienzos del siglo XX), el secreto del kiebé-kiebé fue revelado a un jefe Kuyu por una mujer. La tradición de los Mbochi de Nuguilima y de Ngaé dice que este teatro de títeres con baile es una creación de mujeres y para mujeres hecha con fines lúdicos. Pero, debido a discrepancias, los hombres expulsaron a las mujeres de la organización del kiebé-kiebé. De esta forma, acaparado por los hombres, se convirtió en una danza guerrera. Añadieron cantos y sonidos instrumentales como el tam-tam. El ritmo frenético obtenido condiciona a los hombres y los prepara para un ataque bélico, la caza o el cumplimiento de trabajos pesados. Se incita al hombre a la superación de sí mismo para gobernar la naturaleza. Otras fuentes afirman que esta institución artística fue inventada por los Mbochi de Ebmoyi. Según Sylvère Tsamas, tres mercaderes de pescado humeante, de vuelta de Téké-alima, descubrieron una nueva danza y la introdujeron en su cultura local.

Dotado de una jerarquía estricta y de una potente organización, el  kiébé-kiébé está compuesto por diferentes niveles (kinda) que, partiendo de la cumbre, siguen la jerarquía que se muestra a continuación: los niveles de los yombi, los sabios que residen en la asamblea plenaria, y los niveles de los andumbè o iniciados (administradores que ayudan a los yombi en algunas tareas). Su ostentación sobre el escenario contrasta con la discreción de los yombi que, a pesar de su omnipotencia, son menos conocidos por el público. Los imbondo son personajes cuya función es doble. Al igual que los andumbè, aseguran a la vez la transmisión de los no-iniciados de cara al público y también hacen de guardianes de los títeres. Los atsuambondzi (actores-titiriteros-acróbatas) aparecen enmascarados y disfrazados. Los ikamba, en cambio,  son especialistas en esculpir en la talla de los iboo l’ifuya (cabezas de madera antropomorfas, a veces puestas encima de un animal y siempre prolongadas por un mango de cogida).

El kinda también se refiere al espacio forestal reservado al aprendizaje y a la formación de los atsuambondzi. También es allí donde se hacen los preparativos y los ensayos del  kiébé-kiébé. Investido de numerosas funciones tradicionales de carácter “utilitario” (la gestión de los bienes públicos, el respeto al derecho de propiedad, la defensa de las especies raras, el reglamento de la vida en sociedad, los medios de intercambio culturales, etc.), el  kiébé-kiébé permanece sin embargo sensible a la modernidad, como lo demuestran sus espectáculos actuales. La representación se desarrolla, habitualmente, por la tarde y al aire libre, en la plaza del pueblo, en un campo de deportes o en el patio de un colegio; es decir, donde los títeres (de gran tamaño) puedan moverse sin trabas. Para referirse a estos títeres, los Mbochi utilizan el término “ángel” y califican de “doctores” a los que los preparan y manipulan. Las cabezas esculpidas representan tanto a vivos como a muertos e incluso a ancestros míticos. Está, por ejemplo, Djoku, el primer hombre nacido de una serpiente, y su mujer Ebotita. Esta pareja tuvo muchos hijos, y así poblaron el mundo. En las obras tradicionales, todas las etapas de la creación eran representadas por apariciones teatrales y las estatuas parlantes aparecían al lado de los títeres. Además se podía mencionar a personalidades políticas (por ejemplo el presidente Marien Ngouabi o el general de Gaulle), también en los títeres actuales. Los titiriteros de estas esculturas animadas se esconden bajo amplios taparrabos de rafia o de yute, escondiendo así incluso sus pies. Este disfraz, que cae en grandes pliegues, está fijado a la base de la cabeza esculpida. Algunas plumas de gallina pintada, recortadas artísticamente, son cosidas al cráneo del títere, mientras que otras plumas pueden ser cosidas a su vestimenta.

Al salir del kinda, los títeres y sus guardianes (los imbondo) permanecen detrás de las casas. Los “ángeles” nunca deben estar solos ya que no deben ni hablar, ni escuchar a los humanos.

Durante este tiempo, la compañía se sitúa y forma un círculo que simboliza la autoridad, la zona de influencia de aquello que rodea y la prohibición de sobrepasarlo a toda persona ajena. Los que tocan el tam-tam grande (angoo) se instalan delante del lugar de donde salen los títeres. Aquél que toca el tam-tam mediano (endomba) se pone a su derecha y es también asistido por un pequeño tam-tam (okimí). Los maestros del canto, sentados o de pie, se colocan en el centro o sobre el perímetro del círculo.

Las mujeres llegan progresivamente. Forman una línea, a menudo a la derecha de la compañía esperando bailar con los “ángeles”. Los no-iniciados (pombo) se colocan al lado de los iniciados.

A la entrada, cada títere debe expresar con mímica los gestos y la forma de actuar del personaje que interpreta: el antiguo gendarme sostendrá en su mano una varilla para golpear a los indígenas y obligarles a trabajar. Si representa a un demonio saldrá al escenario con una lanza, como si de un guerrero se tratase. Los iniciados hacen un entremés, de los más jóvenes a los más mayores.

La coreografía del kiébé-kiébé consiste principalmente en arremolinarse haciendo curvas y en describir círculos concéntricos, evocando a un murciélago en posición de descanso. Los criterios de la actuación se apoyan en la rapidez (número de vueltas por segundo efectuados por el “ángel”), la resistencia al choque y a la fatiga y la regularidad de los círculos. Ésta es la primera regla de este baile, pero también existen otras figuras: acrobacia de arriba a abajo, ondulación de una serpiente, temblor, reptación, pequeños brincos, cabeza que al principio está totalmente inclinada y luego completamente recta, pérdidas de equilibrio fingidas y, sobre todo, los cambios de tamaño: reunido en una masa informe en el suelo, el títere puede enderezarse de repente llegando a medir dos metros de alto o incluso más.

Aunque al principio tenía una función ritual e iniciática, el  kiébé-kiébé se ha convertido, poco a poco, en algo profano. Hoy en día, los turistas forman parte de su público y su función es la de distraer.

Entretenimientos y títeres modernos

Títeres de pies

También son conocidos los “títeres de los dedos de los pies”, (véase títeres de Pies), reservados a los adolescentes y utilizados en su origen para transmitir información sobre la sexualidad. Actualmente, los titiriteros de estos juguetes se centran cada vez más en la danza proponiendo a veces bailes en pareja u organizando concursos. Asimismo, algunos titiriteros más audaces reemplazan los tradicionales dedos de los pies por los dedos de la mano.

Titiriteros de calle

En Brazzaville, muchos saltimbanquis, a veces de origen muy lejano, representan sus números de circo ante los transeúntes y los clientes de hoteles. Interpretan acrobacias, trucos de magia y espectáculos de títeres. Estos últimos suelen tener cabezas reutilizadas de otras muñecas industriales que el titiritero manipula agarrándolas por el pelo. En cuanto al repertorio, su objetivo es ante todo el de distraer, pero la sátira social y política también forma parte de estos pequeños espectáculos.

Espectáculos itinerantes

En la década de 1960, se descubrieron titiriteros itinerantes, hasta entonces desconocidos, en la región fronteriza entre la República Democrática del Congo y Gabón. Los títeres eran esculpidos por los congoleños, pero se fabricaban en ambos países. Esther A. Dagan describió sus espectáculos como una repetición de cortas escenas inspiradas en la vida cotidiana, en las que el tema del adulterio estaba particularmente presente.

Bibliografía

  • Dagan Esther A. Emotions in motion… La magie de l’imaginaire: marionnettes et masques théâtraux d’Afrique noire [Emociones en movimiento … La magia de la imaginación : títeres y máscaras teatrales del África negra]. Montreal: Galerie Amrad, 1990. (En francés e inglés)
  • Darkowska-Nidzgorski, Olenka. “Au pays du kebe-kebe [En el país de los kebe-kebe]”. Marionnettes. Unima-France. Nos. 14-15, 1987, pp. 33-40.
  • Darkowska-Nidzgorski, Olenka, y Francine Ndiaye. “Marottes de la République populaire du Congo (Kuyu et Mbochi) [Marottes de la República Popular del Congo (Kuyu y Mbochi)]”. Le Courrier du Musée de l’Homme. No. 1, September 1977, pp. 3-4.
  • Huet, Michel. The Dance, Art and Ritual of Africa [La danza, arte y ritual de África]. New York: Pantheon Books, 1978.
  • Poupon, M. Alfred. “Étude ethnographique de la tribu kouyou [Estudio etnográfico de la tribu kouyou]”. L’Anthropologie. No. 29, 1918-1919, pp. 53-58 y 297-335.
  • Tsamas, Sylvère. “Le kyebe-kyebe [El kyebe-kyebe]”. Liaison. No. 59, 1957, pp. 61-65.