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Títere de Guante

País

Títere que se manipula en elevación. El cuerpo de un títere de guante lo conforma la mano del manipulador que se desliza dentro de la envoltura. Los dedos se colocan de diversas maneras en el interior para sujetar la cabeza, formar los brazos, las piernas o las patas. Una de las representaciones más antiguas de títeres es la de dos miniaturas de Jehan de Grise en el manuscrito del Roman du bon roi Alexandre (Novela del buen rey Alejandro) de 1344. Una de las miniaturas muestra una escena en la que se representa a un hombre encapuchado amenazando a una mujer con un mazo, mientras que la otra miniatura presenta un duelo a espada entre dos soldados con armadura. Teniendo en cuenta la forma del teatrino, estos títeres manipulados en elevación eran probablemente de guante. “Es un ser, sobre todo un ser cuyo cuerpo no existe. El burattino no tiene ni muelles, ni cordeles, ni poleas; es una cabeza, nada más… Pero miren mi mano introducirse en el pequeño saco de piel; miren mi dedo índice adentrarse en el hueco de la cabeza, mi pulgar y mi dedo corazón llenar este par de mangas… y así surge la ilusión. Mi burattino, ligero, obedeciendo a todos los movimientos de mis dedos, va, viene, saluda, gira la cabeza, cruza los brazos, los eleva al cielo… y usted cree estar viendo cómo todas sus emociones se expresan en su figura”. Así escribía George Sand en L’Homme de neige (El hombre de nieve, 1849), haciendo alusión a su experiencia titiritera. La obra Marionnettes et marionnettistes de France (Títeres y titiriteros de Francia), de André-Charles Gervais (1947), contiene una verdadera “gramática” de la manipulación: “-Marcha titubeante.- Sin desigualdades. Oscilaciones del cuerpo en todos los sentidos. Paradas. Reanudaciones. La cabeza se mueve de derecha a izquierda: relajar el índice que la sujeta. Ritmo entrecortado. Cuidar la altura de la muñeca, que no debe sufrir diferencias demasiado importantes”. A lo mejor es necesario haber visto a Ans Boerwinkel, del Figurentheater Triangel, manipular a la vista un títere de guante lo más cerca posible de su cuerpo para darse plena cuenta de la estrecha relación que une al titiritero/a y su muñeco, relación “de fusión” que se explica por el hecho de deslizar la mano en el interior de este envoltorio.

Configuraciones

En Francia, el títere de guante por excelencia es el Guiñol. Es un guante puro en el que la parte baja del cuerpo no existe, pero a veces es necesario que el títere tenga piernas, como Punch en Inglaterra, para sentarse en el escenario. Éstas pueden manipularse con la ayuda de varillas interiores articuladas en las rodillas que se pasan por detrás horizontalmente en el prolongamiento de los muslos o bien libremente enganchadas en la ropa, bajo la chaqueta, y con un leve desplazamiento del títere se le otorga el movimiento. También se pueden concebir títeres cuyas piernas se animen al mismo tiempo con los dedos de la otra mano, lo que permite manipularlos completamente. Sergei Obraztsov en su número “miracle du dressage” (el milagro del adiestramiento) actuaba con un domador (títere de guante) y su tigre (títere de mano, colocado en la cabeza). Después de haber puesto comida sobre la boca del tigre, que la hacía saltar en el aire y la atrapaba, el domador metía, por turno, su brazo y su cabeza en la boca de la fiera, que manifestaba su asco escupiendo. Desgraciadamente, al hacerlo una vez de más, el tigre engullía al domador, escupía y se limpiaba los morros. Precisamente, en el momento en el que el domador está ya medio engullido, con las nalgas en el aire, es cuando se necesita tener un títere de guante con piernas.
Una de las ventajas del títere de guante (que comparte con los marotes prensiles) es que puede coger directamente los objetos. Guignol sostiene firmemente su porra que llama graciosamente su “abanico para burros”, Punch empuña su mazo… Georges Tournaire y Bob Gouge presentaban en los cabarets (la Rose Rouge, l’Écluse…) un número cómico manipulado con un gran talento que ponía en escena a dos obreros, uno en cada extremo de un tablón que llevaban y al que hacían girar innecesariamente, salpicando sus “torpezas” con un: “¿Chodo bien? –Sí, chodo bien, ¿y tú? –Chodo bien, ¿y tú? –¿Chodo bien?” y así seguían ad libitum… En cuanto a Philippe Genty, presentó un espectáculo intimista, Sigmund’follies (Las locuras de Sigmund), en 1983, en el cual iba ataviado con un enorme sombrero rematado por un dedo curvado. Su mano llevaba un guante vestido con su propia efigie y manipulaba ese doble en miniatura con el índice colocado en la cabeza, también adornada con tan curioso sombrero. En Metamorphosen, Ilka Schönbein (Teatro Meschugge) interpreta, hace mímica y manipula un títere en una extraordinaria escena de alumbramiento. Ella está acostada sobre la espalda con las piernas en el aire. Hace aparecer al recién nacido entre sus muslos, se da la vuelta, se sienta, juega con él, se levanta y, ante la insistencia del niño glotón, le da el pecho. El bebé es animado por su mano en una posición original, con la palma por delante. El pulgar está encajado en la cabeza, cuya mandíbula es móvil, sus dedos índice y meñique forman los brazos, mientras que el dedo corazón y el anular se meten en las piernas.
En China, especialmente en la provincia de Fujian, hay delicados títeres de guante que miden alrededor de 30 centímetros, tienen piernas de tela rellenas de paja y zuecos de madera. La cabeza, finamente esculpida en madera de alcanforero, está recubierta con papel encolado, bañada, lijada y pintada con albayalde y después con colores a base de ceras vegetales. Está rematada con una peluca de cabellos naturales o con peinados intercambiables, lleva barba, etc. Los trajes de seda, a menudo de suntuosos brocados, están adornados con bordados, perlas, piel. El zhangzhong muou o budaixi también se conoce por los nombres populares de zhihuaxi o zhitou muouxi, que pueden traducirse por “juego de dedos” o “juego de títeres de dedos”. Ciertos títeres de guante de Taiwán presentan una cabeza animada en dos partes: la mandíbula inferior y el maxilar superior, que está unido a la nariz. Con la falange del índice, el titiritero empuja hacia adelante una doble articulación que otorga expresión al rostro. La manipulación de títeres de guante en Taiwán requiere un virtuosismo excepcional: de hecho, el titiritero debe ser capaz, con un movimiento del puño, de lanzar al aire su títere y recuperarlo perfectamente “calzado” y continuar la interpretación. En Indonesia, el pequeño títere de guante gambione, cuyos brazos están manipulados con varillas y del que se encuentra un solo ejemplar en el elenco de un espectáculo de wayang golek, es la efigie del dalang, a la vez hombre religioso y titiritero o manipulador de sombras (wayang kulit). En la región del Nordeste de Brasil, el títere tradicional (la mayoría de veces, de guante) se llama mamulengo. En Asia central, los títeres de guante se denominan koll-kourtchak. En España, los cristobitas, cristobicas, polichinelas, curritos o guiñoles, como en Cataluña los putxinel∙li o titelles, ridículos personajes con una gran nariz y una boca enorme, son los primos de Polichinelle. En Italia, los burattini se encuentran en mayor cantidad al norte del país (véase Burattino).

Las diferentes formas de guante

Dependiendo de las costumbres ancestrales, tradicionales y locales, los guantes presentan formas diferentes: el guante “catalán” incluye un bloque de madera que marca los hombros y permiten a los dedos índice, corazón y anular introducirse juntos en su interior para manipular la cabeza, que permanece en una posición alta con un cuello relativamente largo y el meñique y el pulgar forman los brazos. Estos dedos, los más cortos, se acoplan a unos tubos que alargan los brazos, pero impiden una buena prensión. El guante “italiano” de los burattini está concebido de tal manera que los brazos se encuentren a uno y otro lado del paño de tela rectangular delantero, mucho más pequeño que el trasero. El guante “lionés”, de Guiñol, por ejemplo, es ligeramente trapezoidal, el índice se utiliza para la cabeza, el pulgar forma un brazo, el dedo corazón el otro, y ambos se alargan con tubos. El anular y el meñique se repliegan en la palma y, en este caso, el artista puede compensar la joroba que generan estos dedos con un relleno en el interior y situado en el otro lado. Una variante consiste en reunir el dedo corazón, el anular y el meñique para formar el brazo. El paño trasero del guante es más grande que el delantero para dar más soltura a la mano y, por tanto, más flexibilidad al muñeco. El guante “ruso” es cónico, el índice situado en la punta se encuentra en la cabeza. Se cosen dos conos horizontales a este cono principal para formar los brazos, que se animan con el pulgar y el meñique y que proporcionan a la vez al títere los hombros y los antebrazos con sus manos. El dedo corazón y el anular se repliegan en la palma. El guante “alemán” se parece al anterior, con la diferencia de que éste tiene forma de cilindro y se fija en el exterior del cuello. Una manipulación diferente consiste en reemplazar el índice por una varilla corta que se fija en la cabeza. Reposa en la palma de la mano, mientras que el índice, el dedo corazón y el anular pueden así hacer girar la cabeza, lo que proporciona más vida al títere. El guante “chino”, más pequeño, tiene forma de trapecio y tiene unos veinte centímetros de ancho, es poco acampanado y se ensancha en la parte superior de cada lado en rectángulo, a la altura de las mangas. Se colocan ahí las manos: una está cerrada y tiene un orificio central que puede albergar una espada o una lanza; la otra está articulada a la altura de los dedos y el pulgar permanece fijo. Las piernas, que sobresalen, están fijadas en el interior del guante y se lastran con zuecos de madera. La cabeza está cosida al guante gracias a los orificios situados en la base del cuello. “Un títere de guante puede hacer gestos tan precisos y plásticos como lo permitan los dedos humanos. Estos últimos son un instrumento de una precisión prodigiosa en el sentido de la coordinación de movimientos. El muñeco de guante me gusta sobre todo por la continuidad de sus movimientos: en estos hay algo de infinitesimal, esa “nada” que ostenta un lugar tan considerable en todo arte”, decía Sergei Obraztsov.