Son figuras funerarias del Toraja (o Toradja) de Tanah Toraja, Sulawesi (Islas Célebes), Indonesia. Tras la muerte de una persona de elevada condición social, el escultor talla una cabeza de madera (madera de árbol del pan o frutipan, por ejemplo) que se une a una caña de bambú en la que se fijan dos barras que conforman la estructura de los hombros y la altura de la figura que representa al fallecido. Este “esqueleto” se cubre con varias prendas que pertenecieron al fallecido. Algunas de las efigies tau-tau están esculpidas con precisión: la técnica es simple y cabeza, tronco y brazos se esculpen a partir de un único bloque, mientras que la pelvis y las piernas se esculpen en un bloque de madera aparte. Los antebrazos y las manos se ensamblan y se colocan en su lugar mediante una clavija. Si la efigie representa a una mujer, el escultor la decora con collares.

Después, la figura se coloca en el suelo, cerca de la casa donde reposa el cuerpo. A partir de ese momento, se convierte en el objeto de un ritual complejo llevado a cabo por muchos participantes. Las mujeres expresan su lamento alrededor del tau-tau. Tras haber citado la genealogía y haber invocado la intervención de los ancestros, se desviste al “títere”. La cabeza se coloca en el granero para propiciar una buena cosecha.

El día siguiente, tras una larga ceremonia, el cuerpo del fallecido y la efigie se llevan a la tumba que se sitúa en un lugar alto, si es posible en una zona montañosa o en una galería o “casa” construida a tal efecto. Como se puede ver hoy en día en Lemo y en Londa, se han utilizado muchos acantilados de caliza para lo que podría llamarse un cementerio de varios pisos y en la cumbre del acantilado se encuentras las tumbas de los más nobles. Para los toraja, las estatuas tau-tau tienen una gran importancia. Se las venera como a los muertos; también las decoran, tratan con cuidado, lloran sobre ellas y las transportan. Se hacen ofrendas, y su función es la de ayudar a los vivos para que gocen de salud y de una larga vida.

Desde la década de 1980, los tau-tau se han popularizado en el mercado de “arte” internacional; esto ha obligado a los aldeanos a esconder sus figuras ancestrales para prevenir que sus “ancestros” sean secuestrados y vendidos como objetos de arte étnico. Los robos de tumbas, el turismo y los recientes cambios en la religión han contribuido a la alteración de las tradiciones funerarias de la cultura toraja.

Bibliografía