Los títeres en Bulgaria tiene raíces antiguas. Durante su prehistoria, se usaron máscaras y títeres en los rituales y festivales tradicionales. Por ejemplo, ya en el siglo VI a.C. formaron parte de los rituales de culto de Dionisos, Pan, Orfeo y otros dioses locales practicados en el país por los primeros habitantes de la Tracia. En algunas regiones los búlgaros continúan celebrando ciertos ritos dionisíacos –como a principios de febrero, cuando figuras rituales tradicionales, con un falo gigante, fertilizan simbólicamente el suelo. Evolucionando a lo largo de los siglos, algunos de estos antiguos rituales han sobrevivido y forman hoy parte de las celebraciones cristianas populares, como el koukeri, peperuda, german, y mara lishanka.

Una herencia del antiguo ritual koukeri, o «juegos Kourkeri» es un ritual agrícola muy colorista del Oeste búlgaro que se realiza durante el Carnaval. Se trata de bandas de jóvenes enmascarados vestidos con pieles de animales y cuero, con las esquilas de las ovejas colgando de su traje. Los hombres jóvenes visten, gorros de piel, altos y ornamentados, y máscaras. Cada región y cada pueblo tiene su propio estilo de máscara, imperando las máscaras zoomorfas. Otra herencia del pasado es la peperuda o «mariposa», un ritual popular en el que una mujer joven es enmascarada y coronada con ramas y hojas. Las participantes en el ritual son niñas o mujeres, a veces, de edad avanzada. Ellas preparan el elemento ritual, el german, un muñeco especial, de unos 20-30 centímetros de tamaño, hecha de barro o arcilla de la orilla del río, que se utiliza en las oraciones rituales para la lluvia y la fertilidad. La figura representa un hombre desnudo con los genitales masculinos. La cabeza está hecha rudamente, y los brazos están cruzados en la parte baja del pecho, como en el caso de los muertos. El títere german se coloca en una caja de madera hecha especialmente para la ocasión, cubierto de flores y enterrado con todos los rituales fúnebres necesarios. En el tercer, noveno o cuatrigésimo día después del entierro, la figura es exhumada y se echa en agua. Según las creencias tradicionales, la realización de este ritual ahuyenta la sequía y atrae a la lluvia. El ritual tiene un elemento teatral, incluyendo danzas y canciones, en el cual el títere es un participante pasivo. El lishanka mara es una figura formada a partir de zapatillas y vestida con ropa femenina. El ritual en realizado por muchachas para propiciar una buena cosecha y por la fertilidad de las mujeres jóvenes. Estas figuras y rituales populares ancestrales siguen formando parte de la vida cotidiana campesina, asegurándoles –por medio de ceremonias complejas– la protección contra la enfermedad, la lluvia abundante, una buena cosecha, o la fertilidad de una mujer joven.

Según la temporada, se utilizaban en las familias títeres fabricados con calabazas, hojas, trapos, incluso figurillas de sombras, así como amuletos protectores para ahuyentar la mala suerte. Estos espectáculos con títeres se podían encontrar en casi todos los pueblos, y erann especialmente disfrutados por los niños. Hoy en día todavía subsisten ciertos rituales, como la costumbre de ofrecer martenitzi, objetos hechos de adornos rojos y blancos (que simbolizan al hombre y a la mujer). Los martenitsas son regalos que se ofrecen con la llegada de la primavera en los primeros días de marzo (búlgaro: Mart, de ahí «martenitsa») para desear la salud y la prosperidad.

De la ocupación otomana al siglo xx

Durante casi los cinco siglos de ocupación otomana (1396-1878), el teatro turco de sombras, karagöz, no llegó a enraizarse en Bulgaria, a diferencia de lo que ocurrió en Grecia. Las únicas huellas que todavía permanecen hoy en día son términos del lenguaje corriente, como karagöztchia y karagöztchiïstvo, que a veces se emplean de forma peyorativa. Durante este largo periodo, el teatro de títeres búlgaro ha tenido sin duda sus propios personajes emblemáticos, pero estos jamás atravesaron las fronteras regionales. Entre ellos estaban Radka y Kolyo, Ivancho y Marika, Racho y Deshka, o Karakolyo y Penka. Su popularidad tiene importancia regional, pero ninguno ha conseguido ser el títere héroe nacional.

Los grupos de teatro itinerantes comenzaron a surgir utilizando una gran variedad de técnicas de los títeres populares. Una de ellas fue el chengi, una variante estrechamente relacionado con el títere de tablilla. Dos marionetas, manipuladas de forma simultánea, se unen entre sí por un cordel y son animados al ritmo de un instrumento de cuerda, un rabel, por el titiritero-músico. Otros títeres a la barra (una especie de marotte) eran manipulados desde abajo por medio de una vara fijada dentro de su cabeza, y otros más estaban instalados en un armario o caja en la que se escondían mecanismos para poner en marcha un grupo de cinco o siete figuras, mientras que los músicos tocaban el violín y la pandereta acompañado a los títeres. Este último marcó un considerable avance técnico. Existen registros de artistas itinerantes búlgaros desde finales del siglo XIX, entre los que se menciona es el titiritero Kukladjiyata Neno.

Hasta el momento en el que Bulgaria fue parcialmente independiente (1878), finales del siglo XIX, no se sentaron las bases de un teatro de títeres a escala nacional. En 1880, una familia de industriales cerveceros checos, los Prochek, instaló un pequeño teatro de títeres à tringle encima de su restaurante. Sus espectáculos tuvieron tanto éxito que bajaron el teatro a la propia cervecería. De la misma forma, se fundó en 1893 un teatro de títeres llamado “El checo”, fruto de un grupo de refugiados checos en Bulgaria, que presentó un repertorio de autores checos y búlgaros hasta 1944. El mismo 1893, el mencionado Neno Kukladjiyata (Neno el titiritero, 1861-1916; también Neno Kuladjiyata, el nombre artístico de Neno Hristov), herrero, comenzó a representar sus espectáculos en las calles y adquirió notoriedad nacional con sus títeres hechos de diversos metales, que manejaba al mismo tiempo que tocaba el tamboura, un instrumento tradicional de cuerda.

En la búsqueda de su propia especificidad nacional, los intelectuales búlgaros dedicaron sus fuerzas al estudio de los valores culturales europeos, por lo que las formas europeas sirvieron de modelo y de base a todo el teatro de títeres búlgaro.

Hasta mediados del siglo XX, los títeres de Bulgaria se verían influenciada por el teatro de títeres checo y alemán. Aunque, sin duda alguna, el espectáculo que dio el marionetista inglés, Thomas Holden, con motivo de la primera exposición agraria, industrial e internacional organizada en Plovdiv en 1892, supuso, por la originalidad y los trucos de su programa, un hito en la historia de los títeres búlgaros. Desde entonces, un teatro nacional, medio profesional, medio aficionado, se fue implantando de forma progresiva. Las marionetas, de hilo, fueron la forma dominante de teatro de títeres búlgaro desde entonces hasta 1946.

Entre las dos guerras

La idea de teatro profesional de títeres búlgaros comenzó a concretarse a partir de 1924: un espectáculo, presentado este año por la compañía Brambazatzité y concebido por el arquitecto Atanas Donkov, consiguió un gran éxito. Más tarde, en 1924 y en 1925, en el seno del “círculo del arte nativo” de la Unión Slavyanska Besseda, el teatro de títeres comenzó a imponerse como un arte en sí mismo gracias a Atanas Donkov y a la artista Elissaveta Konsuelova-Vazova, que fue invitada al congreso fundador de la Unima en Praga, en 1929. El mismo año, el Ministerio de Educación Nacional reconoció oficialmente el teatro de títeres Slavyanska Besseda, de Sofía, y nombró directora artística a Ekaterina Nikolaevna Bazilevitch (1899-1940), de origen ruso. De 1929 a 1940, este teatro, rebautizado como Teatro Artístico de Títeres, estuvo muy activo, creando cincuenta y cuatro espectáculos con diversos artistas (comediantes que provenían del Teatro Nacional, pintores, dramaturgos), así como con su publicación El teatro de títeres, que apareció a partir de 1933. Esta compañía es particularmente recordada por su montaje, con el guión original para títeres del dramaturgo I. Kostov, Glavcho i Tsarskata Dushterya (Glavtcho y la hija del rey), en el que Glavtcho viene a ser el bosquejo de un personaje nacional típico, como Pulcinella, Petrushka o Kasparek. En la misma época, otros teatros de títeres se desarrollaron en las zonas rurales, sobre todo en Plovdiv y en Ruse. Dos artistas, Stéphane Pentchev e Ivan Roussev, tuvieron un papel importante en esta evolución semiprofesional. El primero fundó en 1929, el Teatro dei Piccoli búlgaro (influido por el teatro italiano del mismo nombre) y presentó Madame Vlastya (Madame Poder), una sátira política que tuvo un éxito enorme en Sofía, pero no en las zonas rurales, y tuvo que cerrar en 1932. El segundo creó varios teatros de títeres itinerantes en todo el país. En 1942, Kiril Batemberski adquirió los títeres del Teatro dei Piccoli y del teatro de Plovdiv, retomó el repertorio viejo repertorio del teatro artístico de títeres y fundó un nuevo teatro. A falta de subvenciones, el teatro de Batemberski se vio obligado a cerrar en 1952.

En la década de 1940, durante la Segunda Guerra Mundial, se produjo una fuerte influencia alemana. Mara Penkova (1894-1959), una actriz pensionada del Teatro Nacional, se especializó en teatro de títeres para el Tercer Reich (1942). Al final de la guerra, cuando la actitud hacia lo alemán cambió dramáticamente, Penkova fue capaz, sin embargo, de utilizar su conocimiento acumulado para establecer en 1946 en Sofía un nuevo «Teatro de Títeres para Niños», cuyo sucesor es ahora el «Sofia Teatro de Títeres» (Stolichen Kuklen Teatur, o Teatro Central de Títeres de Sofia).

Penkova, aunque miembro del Teatro Artístico de Títeres, que existió hasta 1940, utilizó una técnica nueva a Bulgaria: el títere de guante. Usando la plasticidad de la mano humana, este títere demostró ser más dinámico y grotesco que la marioneta. La diferencia radica en la posición del ejecutante. Aquí no hay ningún aspecto paternalista, sino todo lo contrario –elevado por encima de él o ella, el títere se convierte en un ídolo y el espacio de detrás de la pantalla permite el despliegue de composiciones en profundidad, con los movimientos de los títeres en diferentes áreas en el espacio vertical detrás del escenario.

El teatro profesional desde 1946

Con la instauración del régimen comunista en Bulgaria (1944), los teatros de títeres recibieron apoyo del Estado a través del Ministerio de Educación Nacional y, más tarde, a través del Ministerio de Cultura. Desde entonces en adelante, los llamados Teatros de Títeres del Estado comenzaron  a establecerse. Estos fueron teatros completamente subsidiados por el Estado, con compañías permanentes y siguiendo el modelo de administración de los teatros de repertorio del Estado. Desde 1946, se establecieron en las ciudades de Bulgaria muchos teatros de marionetas estatales y municipales. Hoy en día, los teatros de marionetas estatales (Durzhaven Kuklen teatur) se encuentran en las siguientes ciudades: Burgas, Dobrich, Gabrovo, Plovdiv, Ruse, Silistra, Sliven, Stara Zagora, Tŭrgovishte, Varna, Vidin, Yambol. También hay teatros estatales de títeres y de actores (bajo el mismo techo) en Haskovo, Kurdjali, Pazardjik, Pleven, Shumen, y Vratsa. Hay teatros de títeres municipales en Blagoevgrad, Montana, Sofía; y uno Municipal de Títeres y Teatro Dramático en Kiustendil.

Tras la guerra, esta política afectaba a los tres mayores teatros –en Sofia, Plovdiv y Varna. En la década de 1950, la potencia principal en el teatro de títeres era la Unión Soviética, con Sergei Obraztsov y su compañía a la cabeza: el Teatro Central Estatal de Títeres de Moscú, el ejemplo para las demás empresas comunistas. Las actuaciones de teatro de Obraztsov con títeres de varilla se convirtieron en auténticas sensaciones. La modificación soviética de la marioneta de Java wayang golek (llamada  «yavayka» o «javayka«) se extendió por toda la Europa del Este. Este modelo dominó los escenarios de títeres durante más de veinte años, y los teatros de títeres de varias capitales socialistas colocaron en su nombre el adjetivo «Central».

En Sofía, el Kolektiven Kuklen Teatur (Teatro Colectivo de Títeres) se creó en 1946 y lo dirigió Mara Penkova que, tras haberse formado en la Alemania nazi, estuvo, más tarde, con Sergei Obraztsov, en la URSS. En 1948, el teatro cambió de nombre y pasó a ser el Naroden Kuklen Teatur (Teatro Popular de Títeres). Mara Penkova atrajo a una gran ola de jóvenes artistas como Atanas Ilkov, Sergei Visonov y Liliana Docheva (que, con la dirección de Chasovnikaryat (El relojero), renovó la concepción de las formas animadas), así como a Milka Nacheva, que fue una de las primeras escenógrafas en el teatro de títeres búlgaro. Se distinguieron también excelentes titiriteros como Eugen Fabiany, que fue durante varios años secretario general del Centro búlgaro de la Unima, Lina Boyadzieva, Slava Racheva, así como Binka Miteva, conocida además por su trabajo en la televisión y dramaturga; y Rada Moskova, que fue dramaturga del teatro durante muchos años. La compañía de Mara Penkova participó en 1958 en el primer Festival Internacional de Títeres de Bucarest, que inauguró un periodo de renovación artística que rompió totalmente con el naturalismo de las producciones precedentes. A este teatro se le llama en la actualidad Stolichen Kuklen Teatur (Teatro Nacional de Títeres de Sofía) y sigue situado en el mismo lugar, en el centro de Sofía.

El Durzhaven Kuklen Teatur Plovdiv (Teatro Estatal de Títeres de Plovdiv) se fundó en 1946, bajo la dirección de Georgi Saravanov, actor, director, fabricante de títeres y decorador. Sus primeras producciones se inspiraron en el circo y en la ópera. Los titiriteros eran aficionados hasta 1953, momento en el que se contrataron artistas profesionales. Su director es Vassil Apostolov desde 1984.

Finalmente, el Durzhaven Kuklen Teatur Varna (Teatro Estatal de Títeres de Varna) fue fundado en 1952 por Georgi Saravanov. El dramaturgo Yordan Todorov, director artístico del teatro durante veinte años, fomentó la escritura de guiones específicos destinados a títeres con la colaboración de artistas como Zlati Zlavtev e Ivan Tzonev, y creó así producciones de alta calidad profesional.

A finales de 1950 los teatros de títeres búlgaros salieron a la escena internacional, a partir de Bucarest, donde se celebró el primer Festival Internacional de Unima. Estos viajes al extranjero abrieron los ojos de los titiriteros, con impresiones particularmente fuertes provocadas por los franceses, sobre todo por una actuación para adultos, presentado por el titiritero francés Yves Joly. El valor de su programa radica en el lenguaje metafórico empleado para la transferencia asociativa de los acontecimientos. Piezas en miniatura, como Una tragedia de papel, Manos solas y Les Parapluies animées (Paraguas animados) mostraron unos medios de expresión completamente nuevos a través de símbolos, signos y metáforas. Como resultado de este Primer Festival Internacional, la creencia en el teatro ilusionista se puso en cuestión, y hubo una discusión seria acerca de la condición, el significado y la naturaleza de la marioneta. Este fue el comienzo de la desmitificación de la marioneta en Bulgaria.

Bajo la tutela del Estado, el teatro de títeres profesional se dirigió sobre todo a un público joven. La educación y el ocio se conciliaron a través de los cuentos de hadas, no sin cierto didactismo ideológico. La dramaturgia, los títeres y la escenografía se ponían totalmente al servicio de la formación intelectual y estética del joven espectador. Los titiriteros aprovecharon esta política voluntarista y entre 1946 y 1990 se crearon veinte nuevos teatros nacionales y dos teatros municipales, en los que se emplearon equipos artísticos, técnicos y administrativos permanentes y bastante fuertes. En esta efervescencia, surgieron numerosos espectáculos artísticamente ambiciosos. Entre otros, Petya i vulkut (Pedro y el lobo), creado en 1960, un espectáculo de Atanas Ilkov y de Nikolina Georgieva, con la escenografía del arquitecto Ivan Tzonev, que marcó una etapa esencial. Esta representación abrió nuevas perspectivas estéticas y sirvió de modelo para toda una joven generación de creadores de Europa central y más allá. También se desarrolló el teatro de títeres dirigido a un público adulto: en 1962, dos grandes espectáculos lo impusieron con éxito: Sukrovishteto na Silvestur (El tesoro de Silvestre), de Angel Wagenstein, creado en el Teatro Central de Títeres de Sofía, dirigido por Atanas Ilkov y Karnaval na Jivotnite (El Carnaval de los animales) de Saint-Saëns, dirigido por Nikolina Georgieva. En El Carnaval de los animales la iluminación y las sombras se asociaron con la interpretación, lo que representaba una innovación para las artes visuales de la época. Con el espectáculo del Krali Marko (El rey Marco, 1967), el director Ivan Teofilov y el escenógrafo Ivan Tzonev, inventaron una nueva forma de espectáculo, a través de tablones gigantes en movimiento. Durante este fértil periodo, Atanas Ilkov y Nikolina Georgieva introdujeron, en 1962, la enseñanza de las artes de la marioneta (manipulación, dirección y escenografía) en el seno del Vizsh Institut po Teatralni Izkustva, o VITIZ, después Natsionalna Akademia po Teatralni i Filmovi Izkustva, o NATFIZ, y hoy Natsionalna Akademia za Teatralni i Filmovi Izkustva, o NATFA Academia Nacional de Teatro y Cine). En la década de 1970, la primera generación de artistas de especialistas graduados se incorporó a la escena, entre ellos los directores Vassil Apostolov, Zlati Zlatev, Yana Tzankova y algunos comediantes y escenógrafos. Personalidades como Slavtcho Malenov y Petar Pachov, Kiriakos Argyropoulos, Maya Petrova, Sylva Bachvarova o incluso Jenny Pachova y Verginia Pavlova, que dieron continuidad a esta generación a partir de 1980. A finales de la década de 1980, apareció una nueva generación de artistas prometedores, entre los se encontraban los directores Katia Petrova, Biserka Kolevska, Sunny Suninsky, que se inclinaron hacia el teatro visual. Otros graduados de la Academia desde la década de 1990 incluyen a Galina Savova, Maya Bezhanska y Rumen Ugrinsky, todos actores-titiriteros del Teatro (Central) de Títeres de Sofia y Hristo Kolev, actor y titiritero del Teatro de Títeres Estatal de Varna.

Tras la fundación del centro búlgaro de la Unima en 1963, los intercambios internacionales se desarrollaron de forma significativa y vencieron al aislamiento de la escena búlgara. Surgieron festivales nacionales e internacionales: el “Delfín de Oro”, fundado en Varna en 1972 por Yordan Todorov, atrajo a numerosas compañías de toda Europa oriental y occidental. Un premio (el “Delfín de Oro”), se concedió desde entonces al mejor espectáculo de la selección. A continuación, se crearon los festivales como el “Pequeño Yan Bibiyan”, en Silistra (1986), “Dos, es poco, tres, es demasiado” en Plovdiv (1990), “Pierrot”, en Stara Zagora (2000), además de la Feria de Títeres de Sofía en 2002. Investigadores universitarios y críticos, como Vassil Stephanov, Dimitar Kanochev, ElenaVladova, Doïtchina Siniguerska, Echoua Bello, apoyaron este desarrollo.

El arquitecto Ivan Tsonev fue uno de los reformadores más destacadas del país. Incluso hoy en día sigue siendo el maestro insuperable de diseño del escenario de títeres. A sus ojos, los elementos visuales son tan fuertes que la dirección se pone a menudo al servicio de la imagen de la escena. De esto surgió la fórmula: «El Teatro de Títeres es escenografía dinámica». Krali Marko (Rey Marko, 1967) fue su obra más importante, que se convirtió en una leyenda. Decoró el espectáculo con dos metros de altura, con títeres tallados y vestidos de arpillera. Dibuja las ideas para su trabajo a partir de la iconografía religiosa, lo que mostraba su valentía en un tiempo de ateísmo militante. Esta producción es “cuadro” estilizado de gran escala, combinado con el texto poético de Teofilov y la música de Penderecki.

Las perspectivas actuales

En 1990, tras la caída del régimen comunista, la sociedad búlgara se hundió en una gran crisis económica. Los presupuestos de los teatros nacionales se redujeron de forma considerable y muchos creadores se quedaron en paro. Algunos teatros nacionales continuaron beneficiándose de una financiación del Ministerio de Cultura (como sigue siendo el caso en Plovdiv, Varna y Vidin) y pudieron preservar una parte de su personal artístico y presentar obras de su repertorio. Otros teatros tuvieron que hacer un llamamiento a los ayuntamientos para completar la financiación (fue el caso en Stara Zagora, Ruse y Targoviste) pasando a ser privadas y de “escenarios abiertos”, aunque apoyándose siempre en un equipo artístico permanente. Otras compañías no están subvencionadas más que a través de sus ciudades (Sofía, Blagoevgrad) y otros teatros de títeres se han asociado con teatros de actores o han terminado formando parte de estos últimos.

Estas dificultades incitaron a los titiriteros a explorar nuevas vías. Caso del Don Quijote, espectáculo musical, creado en 1989 por el director Petar Pashov, con los escenógrafos Silva Bachvarova y Vassil Rokomanov, así como el compositor Petar Tzankov, en el Teatro Nacional de Títeres de Plovdiv. Pero de los quinientos titiriteros diplomados en Bulgaria, dos tercios terminaron sin trabajo. Muchos de ellos fundaron teatros de títeres privados, por ejemplo el Atelier 313 que se especializó en grandes autores como Oscar Wilde, Bulgákov, Valéry, Petrov. Sus espectáculos (Kenturvilskiat Prizrak, El fantasma de Canterville; Мaistor i Margarita, El maestro y Margarita; y Chestna Musketarska, Palabra de mosquetero) destacaron de forma notoria. Además de sus propias creaciones, esta compañía presta su escenario a troupes privadas o representa espectáculos en coproducción con artistas individuales y con compañías muy pequeñas. El Teatro Sivina (Ivan Sivinov) actúa con títeres en miniatura y su espectáculo Меtamorfozi (Metamorfosis) dio la vuelta al mundo. El teatro Perpetuum Mobile, compuestos por actores muy jóvenes, inventa un nuevo lenguaje visual a través de la imagen y el teatro de objetos. El Teatro Ariel utiliza títeres y decorados desvalijados como lo ilustra El sueño de cartón, dirigido por Ruben Garabedian, que tenía como decorado simples cajas de cartón que se transformaban en casas, ciudad y en el metro. El Teatro Ako, el Teatro Danny y Dessy así como el Teatro M+M se inclinaron hacia un teatro más familiar. Finalmente, el Teatro Albena crea shows para turistas que dan la vuelta al mundo mientras que el Teatro Credo representa en Praga, en Charleville-Mézières y en la mayor parte de festivales internacionales Shinel (El capote), de Gógol, que tuvo un gran éxito nacional e internacional. Desde los años 1990, existen en Bulgaria más de sesenta teatros aunque lo cierto es que viven en cierta precariedad y no suelen obtener subvenciones del Ministerio de Cultura más que para proyectos concretos.

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